martes, 27 de diciembre de 2011

OLEEEEEE que bonito ese zapato!

Por Roxana López


Comprar un par de zapatos y escoger el más  te guste en una tienda,  lleva tiempo y muchas horas de prueba. Encontrar el calzado perfecto, nos hace sentir cómodos en el recorrido diario de la vida, pero ¿Alguna vez te preguntaste cuanto trabajo le llevó realizar tus zapatos ideales a su creador o cual es proceso que requiere, llevar los zapatos ideales a tus pies?

En el  barrio San Carlos de Granada,  se encuentra el taller de zapatería de Javier Urbina,  un hombre de piel tostada por el sol y grandes entradas que lo hacen aparentar  más de 33 años. Este granadino de piel morena, desde los quince años aprendió  a fabricar zapatillas para hombre. En un taller artesanal,  ubicado por su casa realizó el primer calzado de muchos que más tarde lo llevaron a  tener su propia línea de zapatillas Olé, nombre  que eligió después de aliarse con una cooperativa europea que le ayudaría a realizar su sueño.

Llegar a ser un microempresario no fue fácil. Al comienzo solo se trabajaba por temporada pero hace tres años este joven decidió expandir su negocio con la ayuda de tres de sus hermanos.  El comienzo fue difícil. Iniciaron a producir zapatos por pedidos, fabricaban cien pares de zapatos para varones en una semana, tenían que trabajar con el tiempo contado.  Los hermanos Urbina se tenían que coordinar para terminar a tiempo los pedidos.

“Al principio cargaba con un maletín llevando muestras del cuero con el que trabajábamos, hablando ventas por ventas. Iba a los mercados de Jinotepe, de Masaya, Managua, Matagalpa, Jinotega, Estelí, todo el país. Por eso es que me ves quemado” enuncia con orgullo este marroquinero de Granada.

Javier se encargó de enseñarles a sus hermanos a trabajar con calidad para lograr su objetivo: lograr compradores fijos. Este arranque motivó a Javier a producir más y plantearse nuevas metas. Decidió buscar  capital para expandir más su negocio. Se documentó e informó, sobre distintas cooperativas y logró pactar con una asociación europea. Esta se encargaría de inyectar el capital que le hacía falta para comprar maquinaria especializada,  para acelerar el proceso de su trabajo y crear una marca que lo representará. Con el capital en mano, el marroquinero solo debía pasar la prueba de fuego. Insertar su sello al mercado.

“La marca es un arma de doble filo, pero gracias a Dios, el proyecto funcionó, y  se hizo de la mejor calidad posible” expresa Javier mientras corta un pedazo de cuero que servirá de adorno en la suela de uno de los zapatos.

Ahora su taller emplea a trece trabajadores que el ayudan a maximizar el proceso de la fabricación de los zapatos.  Javier ya no solo fabrica zapatillas para varones , sino que también hace calzado para niños y una línea deportiva para hombres que acaba de empezar a circular. “La fabricación de zapatos de mujer,  todavía está en proceso, estamos planeando como lanzarla al mercado todavía” recalca este empresario.

La venta de los productos ya no se hace puerta a puerta, este marroquinero cuenta con un tropa de distribuidores que le compran el calzado de su propio capital, para distribuirlo e todo el país.


Entrar al taller de este marroquinero impresiona a cualquiera. Los trabajadores concentrados en lo que hacen, denotan el esfuerzo que lleva fabricar un zapato. Los ruidos de las máquinas de coser y los martillazos son la música de todos los días de estos aprendices.  Desde el corte del cuero, hasta el acabo fino y el brillo que le dan unas jóvenes al final a los zapatos, logran colocar la marca en competencia en el mercado.

“Ya yo no trabajo, solo cuando se necesita mi ayuda, o cuando no vienen los trabajadores por que están enfermos o es día feriado, ahora solo me tocar comprar y vender el cuero” argumenta con una marcada sonrisa en el rostro este emprendedor.

Hoy en día se producen entre 600 y 800 pares a la semana de zapatos, y los precios varían según el estilo del zapato. La zapatilla de hombres cuesta entre 400 y 450 por docena, mientras que la de los niños se maneja entre unos 250 y 300 córdobas. A la asociación europea le corresponde un 10% de las ganancias de la venta de los zapatos, convirtiendo a Javier en el dueño de su negocio.

¿Cómo se fabrica una zapatilla Olé?

Javier indica que lo primero  que se debe hacer en es seleccionar el cuero que se va a necesitar para confeccionar el zapato. En su caso, la piel con la que trabaja en traída de Guatemala. Una vez comprado el cuero, empieza el proceso de alistado, que es el de transformar el cuero, basándose  en un corte y un diseño predeterminado.

Una vez cortado se empieza a armar,  se unen los cortes del molde y se coloca la suela.  Después pasa al área de plantilla, y  revisan que zapato no tenga fallas para poder ser empacado.

Parece un proceso sencillo, pero lleva de mucho esfuerzo. Para lograr producir la meta de la semana se necesita de la ayuda de cinco máquinas de costura, dos armatostes hidráulicas  para pegar las suelas de los zapatos, una pegadora de suela y un troquete que se utiliza para cortar los moldes de los zapatos.

No hay que olvidar que para fabricar estos finos zapatos, el marroquinero necesita de su mano de obra humana.  Pedro  Cantón, es alistador del taller de calzado Olé. Este trabajo consiste en pegar como un rompecabezas los moldes que le dan forma al zapato. “Tengo dos años de trabajar con el maestro. Me llevo bien en todo el sentido de la palabra con el (Javier)” indica este joven  alistador de veinte y nueve años.

Por otro lado el marroquinero tiene como ayuda fundamental para realizar un buen trabajo el de sus hermanos pero principalmente el de su hermana menor Yoconda Urbina, quien desde el inicio se ha encargado de la administración del dinero del taller. “El trabajo más grande que tengo, es tratar que haya comunicación, si un trabajo dice que el corte está mal, se busca la solución al problema” expresa esta joven emprendedora encargada de mantener la administración y el orden en el taller de su hermano.

En cuento a las ganancias Javier constata que “siempre hay temporadas, pero las peores son entre abril y julio,” Ahorita está comenzando la temporada alta, mis trabajadores ganan mejor. El salario de sus ayudantes se basa en la producción que saquen en la semana.  Su sueldo oscila entre 800 a 2000 córdobas semanas cuando están en temporada alta.

Para llegar a ser un buen emprendedor  Javier aconseja  que “siempre hay que hacer las cosas bien, si no sabes cuál es tu objetivo, no vas a saber lo que querés, por eso siempre hay que luchar y luchar”

Como este marroquinero muchos pueden llegar a cumplir sus metas. Para ser un emprendedor  vale la pena tener sueños e  ideas que se apoyen en argumentos. Más de alguna ayuda  vamos a encontrar cuando logremos apoderarnos de nuestra propia inspiración.



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